ppéxito

Escrito por callecavallers 05-03-2014 en PP. Comentarios (0)

A la pregunta de por qué el PP valenciano ha arrasado electoralmente durante los últimos lustros hay que responder quizá con otra pregunta: ¿por qué durante todo ese tiempo cientos de miles de personas que técnicamente no son conservadoras ni "de derechas" en un sentido tradicional han dado su apoyo al Partido Popular de la Comunidad Valenciana? Es decir, ¿por qué personas que no pertenecen a los estratos sociales más privilegiados han otorgado, elección tras elección, su voto a un partido que claramente representa los intereses de los sectores más pudientes? ¿A un partido que, en suma, y como se ha podido comprobar finalmente, no favorece el bienestar de las clases trabajadoras valencianas, clases que, a la postre, son las mayoritarias en nuestro territorio autonómico? 

Al PP valenciano hay que reconocerle el mérito de haber sabido identificarse a sí mismo con cierta imagen de éxito de nuestra Comunidad autónoma. Decir Comunitat Valenciana era decir PP y era, además, decir proyectos de envergadura, grandes eventos, prosperidad (que a la larga se ha demostrado solo aparente, en todo caso, y muy cara), inversiones, Fórmula 1, Ciudades de toda laya (de la Artes, de las Ciencias, de la Luz, de la Justicia...), parques temáticos, grandes parques centrales, AVE, ampliaciones portuarias de fenomenal tamaño, aeropuertos (que tuvieran o no aviones ha sido otro cantar), Copas del América, torneos de hípica o tenis, visitas de Ecclestone o del Papa, etc. etc. 

Durante años el PP ha sido, indudablemente, el caballo ganador y ¿cómo no apostar por él una y otra vez, elección tras elección? El PP valenciano significaba, para muchísima gente, eficacia en la gestión pública, buenos servicios, proyección internacional de nuestra tierra y una férrea defensa de la identidad valenciana. Un buen gobierno capaz de fabricar prosperidad bien repartida y de generar de orgullo colectivo. ¿Cómo no apreciarlos, cómo no darles el voto, cómo no esperar que su éxito fuera contagioso y llegara a cada uno de los ciudadanos de la Comunitat Valenciana?

La izquierda valenciana lleva años intentando desprestigiar esa imagen del PP asociada al éxito y a la prosperidad colectiva que durante tanto tiempo ha encandilado a tantos votantes, y para ello no ha dejado de denunciar los chanchullos, las malas prácticas, las corruptelas y los despilfarros del gobierno pepero durante sus sucesivos mandatos. Sin embargo, esa denuncia de la izquierda no ha surtido el efecto deseado y hasta la fecha ha sido imposible desbancar al PP del gobierno autonómico y de las principales capitales (el asombroso caso de Rita Barberá es paradigmático).

Los últimos sondeos electorales, en todo caso, anuncian un cambio de tendencia sustancial: a fecha de hoy, el Partido Popular perdería la mayoría parlamentaria en Les Corts (y ¿por tanto? el gobierno de la Generalitat) si se celebrasen elecciones ahora. La cuestionada gestión de gobierno de, sobre todo, Francisco Camps ha empañado gravemente la imagen del PP valenciano, que ha visto mermar no poco del apoyo electoral del que gozaba hasta hace, como quien dice, dos telediarios. No se olvide que, en cualquier caso, el partido conservador seguiría siendo hoy la formación más votada.

Pero pese a esa supuesta merma de votos para el PP que vaticinan las encuestas de estos últimos tiempos, ni Alberto Fabra (sucesor de Camps al frente del gobierno autonómico) ni sus compadres peperos dan la batalla de 2015 por perdida: Fabra parece dispuesto a poner distancias entre su administración y los populares implicados en asuntos indeseables heredados de la etapa Camps. Un PP valenciano aparentemente limpio de chanchullos en una coyuntura de mejora de la situación económica en 2015, ¿podría volver a tener posibilidades de alcanzar una nueva mayoría parlamentaria en Les Corts en las elecciones autonómicas del año que viene? Por qué no.